
En la totalidad de Argentina estamos acostumbrados a empezar el día con la luz del sol. Desde las primeras horas de la mañana, su presencia organiza nuestras rutinas y aporta una dosis de energía que pocas veces apreciamos. Ya sea en pleno invierno o bajo el calor del verano, el sol marca el ritmo de la vida cotidiana, y su ausencia, si acaso hay un día nublado, apenas dura unas horas. Pero en otras partes del mundo, la historia es muy diferente.
















