También es frecuente la somnolencia durante el día. Muchas personas sienten ganas de dormir en horarios poco habituales, lo que afecta la concentración y el rendimiento en el trabajo o el estudio. Por el lado emocional, pueden aparecer irritabilidad, apatía o tristeza leve, todo esto viene de la mano de la perdida de interés por las actividades habituales.

Otro aspecto a tener en cuenta son los cambios en el apetito. Algunas personas comen menos, mientras que otras buscan alimentos todo el tiempo, lo que responde al desajuste en los ritmos biológicos. Por lo general, estos síntomas son leves y temporales, si se llegan a extender más de un mes o se intensifican, lo mejor es consultar con un profesional para descartar otras causas. 

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Cómo combatir este trastorno estacional 

Aunque la astenia otoñal suele desaparecer por sí sola, existen hábitos que ayudan a atravesar este período de forma más llevadera. Uno de los puntos centrales es mantener una actividad física regular. El ejercicio favorece la liberación de endorfinas, que mejoran el estado de ánimo y contribuye a lograr un descanso más profundo durante la noche. 

La exposición a la luz natural es fundamental porque salir al aire libre durante el día ayuda a regular el reloj biológico, aunque sean solo unos minutos diarios. De la mano con esto, es importante dormir entre 7 y 8 horas por noche para recuperar energía y estabilizar el organismo.

La alimentación debe ser variada y equilibrada. Hay que incorporar frutas, verduras y alimentos ricos en vitaminas para fortalecer el sistema inmune, fundamental en otoño e invierno, donde aumentan los cuadros respiratorios. Además, sostener rutinas estables de comida y descanso reduce el impacto del cambio de estación y permiten que el cuerpo se adapte.

Fuente: Ámbito.