
El calentamiento global extiende el riesgo de incendios forestales hacia regiones de frías de Europa

El aumento de las temperaturas está modificando el mapa de los incendios forestales. Mientras las regiones acostumbradas al fuego enfrentan episodios más frecuentes e intensos, territorios históricamente fríos y húmedos también comienzan a prepararse.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que esta expansión del riesgo obliga a revisar las estrategias de prevención, debido a que los períodos secos pueden transformar paisajes tradicionalmente húmedos en superficies inflamables.
El fenómeno quedó expuesto durante el incendio registrado el 15 de julio de 2026 en las montañas de Cairngorms, Escocia, donde la sequedad excepcional permitió que las llamas penetraran en la turba y generaran nuevos focos difíciles de controlar.
Un incendio que puso a prueba la capacidad de respuesta en Escocia
Más de 500 bomberos participaron del operativo en Cairngorms, apoyados por aeronaves y excavadoras utilizadas para construir cortafuegos. Sin embargo, la combinación de vegetación seca, viento y terrenos de difícil acceso prolongó las tareas.
Nueve días después, el fuego avanzó hacia Nethy Bridge, un pueblo de aproximadamente 600 habitantes. Ante el riesgo creciente, la Policía de Escocia declaró un incidente grave y numerosos residentes debieron abandonar temporalmente sus viviendas.
Además, la turba funcionó como un combustible particularmente complejo. Aunque las llamas superficiales fueran controladas, el material orgánico seco podía conservar calor y favorecer nuevos focos, dificultando la extinción definitiva.
Por esa razón, los equipos de emergencia permanecieron desplegados durante más de un mes. Finalmente, el Servicio Escocés de Bomberos y Rescate retiró oficialmente al personal de extinción después de semanas de operaciones.
Cómo el calentamiento global modifica las condiciones que favorecen los incendios
El cambio climatico no convierte automáticamente a todas las regiones en zonas propensas al fuego, pero sí puede aumentar las condiciones necesarias para que un incendio comience y se propague.
El incremento de las temperaturas favorece una mayor evaporación y puede prolongar los períodos sin precipitaciones. Como resultado, hojas, pastos, arbustos y otros materiales vegetales pierden humedad y adquieren mayor capacidad para arder.
A esto se suman episodios de viento intenso, que pueden acelerar la propagación de las llamas y dificultar las tareas de los equipos de emergencia. Así, un territorio que normalmente permanece húmedo puede atravesar períodos puntuales de elevado peligro.
Fuente: Noticias Ambientales.


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