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Cómo es el extraño reglamento alemán para el Robo Familiar

La cultura germánica nombra y controla los actos cotidianos.
MundoHace 1 día
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Cómo es el extraño reglamento alemán para el Robo Familiar.

En Alemania existe una costumbre que pasa inadvertida para el visitante apurado y desconcierta al observador atento. Muchos restaurantes incluyen en su menú una entrada extraña, ubicada al final de la sección infantil, con precio de cero euros. Esta se llama Räuberteller, literalmente "plato del salteador", y consiste en un plato vacío con un juego de cubiertos. La operación parece carente de sentido económico hasta que se entiende su función. Esta vajilla se entrega al niño que todavía no come una porción completa propia y se usa ese plato para servir la comida de los platos de sus padres. La cultura germánica creó así una categoría oficial de menú para autorizar el robo familiar.

La escena merece atención porque condensa un rasgo profundo de la sociedad alemana. Ningún niño italiano necesita un plato vacío oficial para probar la pasta de su madre. En España no se requiere autorización institucional para arrebatar una croqueta del centro de la mesa. Esto es así porque la cultura mediterránea integró el desorden infantil como parte natural del acto de comer. La cultura alemana, en cambio, necesitó nombrar el desorden, ubicarlo en una columna del menú y asignarle un precio simbólico de cero euros. El gesto espontáneo solo entra al sistema cuando recibe nombre, código y casilla contable.

El fenómeno del Räuberteller

El Räuberteller funciona entonces como pequeño espejo del modo alemán de procesar la realidad. La estructura social germánica organiza incluso aquello que en otras culturas permanece informal. El idioma refleja esa misma tendencia mediante palabras compuestas largas que designan situaciones precisas. Existe Schadenfreude para la alegría ante el mal ajeno y Fernweh para la nostalgia por lugares no visitados. La cultura germánica nombra precisamente para poder ordenar y lo innominado resulta sospechoso para ese sistema. El plato del pequeño salteador hereda esa lógica completa porque un acto cotidiano recibe etiqueta oficial dentro del menú.

Allí reside la lección última del plato vacío. Una cultura puede revelar mucho mediante aquello que decide formalizar. Y si la regla nombra el robo infantil, es porque la regla existe antes. La sociedad alemana asume primero el orden y luego concede excepciones nominadas con etiqueta visible. Otras comunidades asumen primero el desorden y luego inventan reglas mínimas para contenerlo. Comer del plato ajeno parece un gesto idéntico en todas partes del mundo. Su tratamiento institucional cuenta sin embargo otra historia muy distinta.

Fuente: Mdz Online. 

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