Todos conocemos a alguien con dificultad para encontrar un límite claro al empezar a hablar. La ciencia demuestra que detrás de este hábito de expresarse en exceso pueden ocultarse desde simples rasgos de personalidad hasta diversos factores emocionales condicionantes de la forma de comunicarse. Al principio, una persona así puede parecer simpática, entusiasta y con muchas ganas de compartir sus pensamientos. Sin embargo, a medida que pasan los minutos y queda claro la falta de espacio para la intervención del otro, la interacción se vuelve desgastante y termina agotando a cualquiera en el intento de mantener una conversación equilibrada.
Por qué algunas personas se expresan demasiado en las conversaciones
A veces esto pasa simplemente por impulsividad. Hay personas con dificultad para frenar sus pensamientos antes de expresarlos, o que usan las palabras para tapar silencios generadores de inseguridad. Otras veces solo buscan sentirse escuchadas y aprobadas, o simplemente son personas muy extrovertidas amantes de compartir sus vivencias. Sin embargo, también existe la adicción a hablar, conocida como talkaholismo. Quienes la padecen sienten una necesidad muy difícil de controlar por tomar la palabra, incluso sabiendo la molestia provocada en los demás. Suelen ser conversaciones con todo girando alrededor de ellos mismos: sus opiniones, sus recuerdos y sus problemas, sin dejar espacio para la otra persona.















