
Por qué la vacuna Moderna no requiere la aprobación de la ANMAT

Carla Vizzotti llegó anoche al aeropuerto internacional de Ezeiza, e incluso antes de realizar el obligatorio test de antígenos que se exige a quienes llegan desde el exterior, dio una conferencia de prensa. Su llegada no estuvo exenta de polémicas. Los funcionarios son considerados "personal estratégico" por resolución ministerial 712/2021, es decir que no están obligados a realizar aislamiento preventivo al volver al país, entre otras prerrogrativas, pero ella desistió de hacer uso de esa excepción.
Sin embargo, ya tenía programado el diálogo con los periodistas a su llegada y lo concretó al aire libre, en la pista de aterrizaje del AirBus 330-200 de Aerolíneas Argentinas con el que volvió a Buenos Aires, en un vuelo que venía viajando desde Beijing con 768.000 dosis de Sinopharm, que hizo escala en Madrid para subir a Vizzotti y a Cecilia Nicolini, la asesora presidencial.
Ambas viajaron a Londres para reunirse con las autoridades sanitarias del Reino Unido y de la empresa AstraZeneca, entre varios encuentros que tuvieron.
"Estamos superando hoy las 38 millones de dosis, y con los tres vuelos que llegan esta semana, Argentina va a llegar a las 40 millones de dosis", se ufanó la ministra de Salud, visiblemente descansada, después de semanas especialmente exigidas no tanto por la larga pandemia como por las tensiones generadas en la coalición oficialista en torno al signo ideológico de los laboratorios productores de vacunas.
Es que aprobar el DNU que permitió cambiar la ley de vacunas que el Gobierno había mandado a votar el año pasado, para facilitar los contratos con los tres laboratorios norteamericanos pusieron al Frente de Todos entre la espada y la pared:
¿Volver un paso atrás, entregarse al imperialismo yankee o seguir tolerando la presión de las familias que tienen hijos con comorbilidades que necesitan cuanto antes las dosis para salir de la zona de peligro extremo en la que están viviendo desde el inicio mismo de la pandemia?
Resolver ese intríngulis demoró meses. Y se exploraron infinitos caminos para evitar el papelón de darle la razón a los abogados de Pfizer. Desde la posibilidad de hacer una compra puntual de vacunas para uso pediátrico bajo un paraguas de protección estatal del cual se haría cargo el Estado argentino hasta disponer de las vacunas Sinopharm como única alternativa para niños, niñas y adolescentes. En un caso no funcionó por decisión del laboratorio, en el otro porque los padres organizados en el colectivo VacunaME anticiparon que se opondrían a esa decisión.
Y cuando el gong estaba por sonar para dar por terminada la pelea, apareció la propuesta de la donación de Moderna de parte del gobierno de los Estados Unidos, una salida con innumerables ventajas. Primero, no es Pfizer. Segundo, se trata de una investigación que tuvo alto respaldo del estado federal norteamericano. Tercero, la tecnología es ARNmensajero, como en el caso de Pfizer. Cuarto, no había que pagarlas. Quinto, por tratarse de una donación no requiere aprobación del ANMAT.
Fuente: El Cronista.




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