Los mismos problemas, los mismos remedios: desigualdad laboral, otra forma de violencia hacia la mujer

Deconstruir Para Construir 10 de mayo de 2022 Por Nadia Pedernera
En todo el mundo, la tasa de actividad de las mujeres es inferior a la de los hombres. En nuestro país, se presenta una de las brechas más importantes.
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La desigualdad de género está presente en múltiples aspectos de la realidad social en Argentina.

La desigualdad de género está presente en múltiples aspectos de la realidad social en Argentina, siendo el mercado laboral muy desventajoso para las mujeres. Esta situación plantea un desafío permanente para el gobierno y la política pública, pero también para los actores sociales, es decir trabajadores y empleadores.

Observando a las mujeres económicamente activas se advierte que, entre las desocupadas y las que tienen puestos informales, se concreta el 40% de las mujeres que participan en el mercado laboral. La participación económica femenina y masculina en el mercado laboral ha resultado históricamente diferente a lo largo del ciclo de vida. En nuestro país se observa una participación máxima y prácticamente homogénea en las edades centrales entre los 24 y 54 años. Luego se percibe un descenso (gradual pero sostenido) entre las mujeres de 55 a 59 años.

Por otra parte, la brecha de género si bien es bastante constante, presenta una disminución hasta el rango etario de 40 a 44 años, para luego revertir esta tendencia y ampliarse significativamente a la edad de retiro de la mujer del mercado laboral. El sistema laboral tiende a expulsar a los mayores de 50 años. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.

Últimamente nos encontramos con situaciones de ocupados en puestos por debajo de la remuneración mínima o los desocupados que han suspendido la búsqueda por falta de oportunidades visibles de empleo. Las posibilidades de insertarse y desarrollar la carrera laboral se concentran en sólo 20 años de vida: los que van de los 30 a 49 años

z31X5pF6BAVKLu0c¿Qué es aquello que debemos deconstruir?

Testigos nos cuentan que después de los 45 años, cuando mandan un CV ni siquiera reciben una respuesta, eso los frustra y los acerca al abandono de la búsqueda. Esta situación contrasta con el progresivo crecimiento de la expectativa de vida a nivel global. En 1960, era de solo 53 años, mientras que en 2017 llegaba a 72 años globalmente y a 80 en los países de mayores ingresos, de acuerdo con datos del Banco Mundial.

Los empleados de más de 50 años conforman el segmento que la legislación laboral describe como fuerza de trabajo con experiencia. Dentro del grupo de trabajadores con experiencia hay quienes siguen activos por el deseo de aprender nuevas habilidades y otros lo hacen para financiar el costo de sus vidas.

¿Por qué entonces se siguen publicando avisos que ponen un límite máximo de edad o las empresas se inclinan en los procesos de selección por los más jóvenes? La respuesta sencilla se relaciona con los prejuicios que reproduce la "cultura joven". Uno es la aversión a la digitalización. La idea de que la persona de más de 50 no está tan aggiornada, no cuenta con el manejo necesario ni con la facilidad para actualizarse. Otro es una presunta falta de flexibilidad para integrarse a las culturas más jóvenes. Se asume que si alguien tiene más de 50 va a ser más rígido y no va a tener empatía con las nuevas generaciones.

Cuando sube la edad bajan los niveles de rotación. Además, muchos adultos ya tienen las habilidades blandas desarrolladas por la propia experiencia de vida. Han tenido que negociar, han asumido responsabilidades. Eso facilita la inclusión y la productividad. Lo importante, coinciden todos, es el talento: No importa el color del pelo, el género, la orientación sexual, si tiene 60 años, o algún tipo de discapacidad. 

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