Lo cargaron 8 horas en camilla porque la ambulancia no puede llegar al pueblo donde vive

Sociedad El miércoles
Por las malas condiciones del camino, el móvil no podía llegar y los vecinos bajaron al enfermo en andas por más de 20 kilómetros.
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El mal estado del camino impide la llegada de ambulancias para trasladar a los enfermos.

La solidaridad del argentino no conoce límites. Y los vecinos de la comunidad aborigen de Anfama pueden dar fe de ello. Ubicada en Tucumán, a 2000 metros de altura, esta localidad tiene serios problemas de infraestructura vial. El mal estado del camino impide la llegada de ambulancias para trasladar a los enfermos. Y puntualmente en estos días, el mal tiempo impidió, incluso, la llegada de algún helicóptero sanitario.

Ocho horas en Camilla

En esas condiciones se encontró Gonzalo Carrazano, el hijo del cacique de este lugar al que las alturas de los cerros separan de la llanura tucumana de los Valles Calchaquíes. El joven de 20 años sufrió una fractura de fémur y tuvo que ser bajado en una precaria camilla cargada en hombros por su padre, Antonio Guillermo Carrazano, y otros habitantes de la zona. La travesía duró casi 8 horas, a lo largo de un trayecto que incluyó varios cruces al impredecible río Grande.

caminosEl joven de 20 años sufrió una fractura de fémur y tuvo que ser bajado en una precaria camilla cargada en hombros por su padre, Antonio Guillermo Carrazano, y otros habitantes de la zona.

Un problema crónico

Según publica el diario local La Gaceta, no se trata de un caso aislado, sino de un eslabón más de una cadena de suplicios que afrontan los residentes de Anfama, quienes cada vez que sufren un percance o contraen alguna enfermedad grave, tienen que someterse al martirio de ese viaje de varias horas a pulso hasta el CAPS de El Siambón. Esto ocurre porque el camino que conduce hacia Anfama no está en condiciones de ser transitado por la ambulancia. La otra opción posible sería el uso del helicóptero de la provincia, pero eso también se dificulta por las malas condiciones del tiempo, usuales en esta zona. Así, al enfermo no le queda otra opción que ser cargado en camilla como en la época colonial. En esas condiciones, Gonzalo -el fracturado- tuvo que armarse de valor y soportar los dolorosos vaivenes de un traslado que no encuentra alternativas, ya que los numerosos reclamos de la comunidad para que se acondicione el camino, no encontraron nunca una respuesta. Podría decirse, incluso, que el enfermo fue afortunado. Si el accidente no hubiera ocurrido por la mañana, el enfermo hubiera debido esperar hasta el día siguiente para emprender la marcha. Es que adentrarse en plena noche por el camino prolonga el sufrimiento y acrecienta el riesgo del traslado.

Fuente: El Cronista.

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