
¿Cuáles son los escenarios post-electorales?

El dato obvio que todos sabemos es que el domingo próximo son las elecciones generales, más conocidas como las "presidenciales" o la "primera vuelta electoral". Nada nuevo si se lo mira con distancia y adopta como un domingo más con el deber ciudadano (para otros "el trámite") de ir a votar. Todo se trata de costumbres y formas de pensar, claro. Lo que si es cierto, si vamos a otro nivel de análisis, es que las elecciones del domingo van a ser un momento bisagra para nuestro país. Dos modelos económicos nuevamente se enfrentan, con muchas propuestas, un gran nivel de imagen, discursos finamente estudiados y una puesta en escena afilada como nunca antes, como nos dejo entrever el último debate presidencial, donde la vedette de la noche fue (igual que en el 2015) la polarización para conquistar a los últimos indecisos.
A grandes rasgos, podemos decir que los dos modelos de país se resumen en continuar bajo la misma línea política que propuso el Cambiemos estos cuatro años de gestión, con un mercado podríamos decir "libre", pero con otra serie de elementos propios del regulacionismo estatal (utilizados recientemente como una suerte de fusible) o entrar en otro modelo, cercano pero no idéntico, al que conocimos por muchos años como "nacional y popular". Este último traería varias vueltas de tuerca, un contexto adverso sobre el cual aplicarse, y toda una batería de reformas que, a priori, parecen ir en sintonía con la construcción del Frente de Todos.
Desde el posicionamiento de Alberto Fernández como candidato completamente lejano a las debilidades del Kirchnerismo, estadista moderado, crítico de su gestión, y en búsqueda de consensos, y el lugar estratégico-electoral de Cristina Fernández de Kirchner en la boleta, todo indica que el principal y único espacio de la oposición piensa poner en marcha un plan de acuerdos multisectoriales, donde empresarios, sindicatos, y la misma dirigencia política afronten la crisis "conjuntamente". Tenemos por delante una serie de pagos al FMI que deben ser reestructurados como sea, sumado a una larga lista de problemas y desajustes macroeconómicos, y la agenda política y mediática no es ciega, vive al calor de los acontecimientos.
Los actores que componen esa agenda tampoco son ingenuos, saben que en el mundo de la política, muchas veces las alianzas son conveniencias que se quiebran cuando se agotan los recursos, o cuando la balanza internacional cambia el escenario. Los intereses, de propios y ajenos, se expresan a veces en la mismísima arena electoral, y proyectan cómo se actuará a futuro. Tal es el caso emblemático de Hacemos por Córdoba, que nos da pie para explicar un poco este concepto: un frente de partidos histórico en nuestra provincia, se amplia para ganar por mucha diferencia la gobernación y la principal intendencia, coopta dirigentes de otros espacios, mantiene in discurso ambiguo, evita a toda costa confrontar con los principales candidatos a la presidencia, presenta una boleta corta con un enorme alcance mediático, y bajo el apoyo tácito a la candidatura de Alberto Fernández (expresado por varias personalidades públicas del peronismo cordobés) hace funcionar su maquinaria que podría darle esta vez más de un diputado a diferencia del resultado de las PASO.
El ejemplo de los caudillismos locales impacta de lleno si pensamos que otra arena de disputa, en la que el futuro oficialismo tendrá que entrar es el Congreso Nacional. En esta elección se disputan 130 Bancas de Diputados Nacionales de todas la provincias y sólo en algunas se eligen 24 Senadores Nacionales para renovar. Como dijimos anteriormente, las listas cortas pueden provocar un desbalance de fuerzas en la composición del congreso, que a futuro resulte desfavorable para el candidato ganador (al tener que buscar mucho mayor consenso, las leyes no solamente pueden tardar mas en salir aprobadas, si no que además los proyectos originales pueden tener modificaciones sustanciales). Aquí también se juega el quórum para otro tipo de pronunciamientos, pero a su vez es un doble estándar de control sobre la autoridad presidencial.

En resumen, la Argentina que viene no estará aislada, ni de su pasado reciente, ni de los problemas macroeconómicos, ni si quiera de los últimos acontecimientos en sudamerica, y tendrá que balancearse entre un juego de intereses e ideales, con pocos aliados institucionales por el momento.


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