
Rupturas y continuidades de la transición

Como es de esperar, la cortina informativa los países de las región le quitó relevancia a la famosa transición. La situación sirve a manera de win-win: tanto para Alberto Fernández, que aprovecha estratégicamente el timing para darle continuidad a su postura dialoguista y prudente (ya sin el peso del protagonismo) como para Mauricio Macri y gran parte de su gabinete, que prácticamente están a tiempo descuento para entregar la banda presidencial, en lo que parece sera un acto pacífico y ordenado, contribuyendo tanto más a la imagen positiva del presidente electo, que a la defensa de su propia gestión de gobierno, relegada a una serie de informes. De hecho, a la proclama de nuevas autoridades, protagonizada por Gabriela Michetti ante la Asamblea Legislativa, ni si quiera asistió Cristina Fernández de Kirchner, que se encuentra en Cuba.
Por parte de Fernández, el hecho de no estar mas en el ojo de la tormenta le viene bien para poder dar un hilo de continuidad a su discurso. Sigue de cerca (y comenta activamente en las redes) los noticias de la región, proyectando muy a futuro, según mida la balanza geopolíticamente hablando: la fundación Grupo de Puebla, estrechar las relaciones con AMLO y el reciente apoyo al Frente Amplio en el Uruguay, le dan el tiempo necesario para que su equipo siga trazando planes de contingencia, en caso de que las negociaciones con el FMI no salgan como se espera. Depende fuertemente de los movimientos que haga la Casa Blanca, cuya apuesta tácita en Bolivia entra en conflicto con el resto de las potencias como China, con la cuál se especulaba que Fernández firmaría un acuerdo que le pueda permitir cumplir una de las pocas promesas concretas durante la campaña electoral: el aumento de las jubilaciones y la gratuidad de los remedios. El resto es, digamos, incierto. Desde el armado del gabinete hasta las primeras resoluciones.

Por otro lado, Mauricio Macri, ya casi sin responsabilidades por el futuro inmediato de la economía del país, comienza a alinear su tropa afianzándose en esa base del 40% del electorado que aún lo avala. Como dijimos en otra oportunidad, varios de los posibles sucesores debieron bajar los cañones al convalidarse el resultado del escrutinio definitivo, el Macrismo no ha muerto y su bancada todavía tiene pelea para dar, aunque no necesariamente con Mauricio al frente. Si bien las asperezas con la UCR Nacional se tensaron aún mas por la falta de definición sobre lo sucedido en Bolivia, la dispersión sigue siendo mas calma de lo que podría esperarse. Más allá de los clásicos pases de factura de fin de año, la coalición de Juntos por el Cambio se mantiene orgánicamente, y aunque es incierta una fracción a futuro (ya que su unidad de bloque les es necesaria para que el Frente de Todos no pueda sesionar tan fácilmente con quórum propio) es altamente probable que cada partido actúe con su propia bancada para algunos proyectos.

(Foto Franco Fafasuli - https://www.francofafasuli.com/)
La transición propiamente dicha no es más que un decoroso acto de un mes de duración, con intercambios formales que a futuro serán material de reproche mediático y el famoso "nadie resiste un archivo". En la Argentina que se viene, de estrategia es de lo que se trata.


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