La foto que muestra la desigualdad en Brasil

Para Saber 22 de enero de 2022
Se trata de una de las imágenes más reproducidas para ilustrar la brecha entre ricos y pobres.
Paraisopolis3bmedia
Reproducida por cientos de publicaciones y webs, ha recorrido al mundo.

Dieciocho años han pasado desde que el fotoperiodista brasileño Tuca Vieira, de 37 años, se subió con su cámara a un helicóptero con la misión de fotografiar São Paulo desde el aire para un gran reportaje. Durante aquel vuelo tomó una fotografía que es icono mundial de la desigualdad, uno de los retratos más famosos del abismo entre los ricos y los pobres en el mundo. Las piscinas en los balcones acaracolados del rascacielos y las pulcras canchas de tenis contrastan brutalmente con las chabolas de una favela en una composición que parece fruto del photoshop. Pero no, representa la brecha entre quien lo tiene todo (y sigue acumulando) y los desposeídos. Tan vigente en el Brasil de 2004 como en el actual. 

Reproducida por cientos de publicaciones y webs, ha recorrido al mundo. Justo en estos días, en que 100 millonarios han aprovechado el foro de Davos para anunciar que quieren pagar más impuestos, se cumplen 18 años desde que la foto de la desigualdad fue primera página de Folha de S. Paulo. La desigualdad también se asoma a los titulares porque la riqueza de los diez hombres más pudientes del mundo se ha duplicado durante la pandemia, según Oxfam.

 Se cumplen 18 años desde que la foto de la desigualdad fue primera página de Folha de S. Paulo. 

La fotografía tiene dos lecturas, la brasileña y la extranjera, recalca el autor. En casa tuvo repercusión, claro, pero “solo alcanzó esa dimensión que tiene hoy al salir al exterior”. Cobró una nueva vida hasta convertirse en un fenómeno, en un icono global, cuando fue publicada en Europa. El año pasado, Vieira repitió la foto desde la misma perspectiva. Poco ha cambiado. La divisoria aparece más nítida. El cambio más visible son los árboles que tapan la vista de la favela. Es la misma realidad, una que se suele contar con cifras.

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Los contrastes evidentes a quien circula por São Paulo (una urbe de 12 millones de habitantes) están cuantificados en el mapa de la desigualdad. Entre el mar de datos medidos con el desigualómetro, algunos son realmente estremecedores. En los embarazos adolescentes, la diferencia entre el mejor barrio y el peor es de 60 veces; el abandono escolar de 70; la espera para una consulta médica básica de 12 veces, y la mortalidad por covid, el doble. En un tercio de distritos —barriadas de la periferia— no hay un solo tren, metro o tranvía en un kilómetro a la redonda, solo llega el autobús.

Cualquiera que pise la calle percibe cómo han aumentado los sintecho en São Paulo con la pandemia. Familias con niños se han sumado a las decenas de miles de desheredados o drogodependientes. Según el último recuento oficial, anterior al coronavirus, eran 24.000 personas, más que la población de algunos distritos. Algunas ONG estiman que ahora son el triple, 66.000. Para Vieira, esa es la imagen a la que nadie debería acostumbrarse.

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