
Movimientos clave en el tablero político

El racconto final, luego de las elecciones generales, le da al fin de año del Frente de Todos un respiro importante en términos políticos. Si bien el panorama en el Senado es más complicado para la bancada de Fernández, en Diputados, el futuro oficialismo cuenta ya con un interbloque de 120 legisladores sobre 116 de Juntos por el Cambio. A primera vista, después de las juras y actos formales, podemos decir que si bien el balance es positivo, el equilibrio puede siempre ser frágil a último momento, con lo cual será de suma importancia cuidar esas alianzas. La foto nos dice mucho, y los desafíos de cara al 2020 exigen mucho más que alianzas políticas.
Se ven caras nuevas y personajes de largo tramo en la nueva conformación del Congreso Nacional. Personajes clave, que fueron parte de la vida política del período de Néstor Kirchner, y que Alberto Fernández parece de alguna manera querer replicar construyendo un gobierno de centro-izquierda moderado, pero también ajustado a los tiempos que corren. En suma, ya no existe el viento de cola de los commodities para pagar la deuda, y si bien el FMI, los industriales y diversos sectores de peso en la economía real, dieron el visto bueno a su fómula (más por Alberto que por Cristina, quien jugo un papel mucho más electoral hasta ahora), la situación financiera del país es muy compleja, ya que implica la postergación momentánea en los intereses de algunos sectores que lo apoyaron, sumado a la más que posible enemistad con otros, como el agroindustrial, que ya le plantó bandera.
Otro tanto es el misterioso gabinete que Alberto tiene planificado, de los cuales ya se conocen algunos nombres en puestos clave. Este ítem en particular nos dirá mucho acerca de cuál será el enfoque de las políticas públicas, que por otro lado también tienen que cumplir cierta expectativa a corto plazo con el electorado no peronista que se decantó por el Frente de Todos. Tip importante: las elecciones son cada dos años, y la composición del Congreso puede cambiar sustancialmente de un momento para el otro, porque está más que demostrado que la intención de voto en nuestro país y cultura política se ha vuelto más que volátil.
Pero si de personas solamente se tratara la política, sería muy simple planificar a futuro. La reglas del juego ameritan ciertos cambios, y la gestión de Fernández esta ávida de realizarlos. La extensión de las sesiones del congreso, las llamadas "extraordinarias", que se harán lo que resta de diciembre y todo el mes de enero, para tratar temas de urgencia en la agenda social; las reuniones formales e informales de transición gubernamental, con las chicanas y cruces que ello implica; la aprobación de leyes clave para la clase media, como la ley de alquileres; los informes y un ritual de pase de banda presidencial acordado de antemano, son elementos que nos indican que la gestión entrante será enteramente de corte estratega.
Con cautela, como dijimos antes, Fernández no se puede dar el lujo de perder en dos años el apoyo de la base social (que por distintas circunstancias, principalmente económicas, lo llevo a ganar la elección) en nombre de la estrategia, por lo que hay que cumplir ciertas expectativas de la gente.


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