El impacto ambiental que genera el desperdicio de comida en el mundo

Medio Ambiente 20 de marzo de 2021
Un informe realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la organización británica sobre residuos WRAP, expone la enorme cifra de alimento desechado y sus efectos en el medio ambiente.
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El desperdicio de alimentos tiene un fuerte impacto económico, social y medioambiental.

Por lo general cuando vemos un alimento en la heladera que está vencido o se echó a perder, lo primero que hacemos es tirarlo a la basura. Pero desconocemos las consecuencias de dicha acción. 

La verdadera escala del desperdicio de alimentos en el mundo y su impacto no ha sido completamente dimensionado hasta hoy.

Esa es una de las conclusiones del último y más completo informe sobre el tema realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la organización británica sobre residuos WRAP.

El denominado "Índice de desperdicios de alimentos 2021" expone una cifra casi aterradora: en el año 2019, hubo 931 millones de toneladas de alimentos desperdiciados. Esto sugiere que el 17% de la producción total de alimentos en el mundo fue a parar a la basura.

Para ilustrarlo mejor podríamos decir que son 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados de alimentos, que puestos en fila darían siete vueltas a la Tierra.

De dónde provienen los alimentos desechados

Según los resultados del estudio liderado por la ONU, la mayor parte del desperdicio de alimentos —equivalente a un 61%—, proviene de los hogares. Es decir, de las casas de cada uno de nosotros. De esa manzana que quizás compraste de más y decidiste desecharla. O de ese plátano que, tras llevar días en tu cocina, se puso negro.

Luego, un 26% pertenece al rubro de servicio de alimentos, por ejemplo, de restaurantes, hoteles o establecimientos educacionales. Y, finalmente, un 13% proviene del comercio, como supermercados o pequeños almacenes.

Con información del desperdicio de alimentos de 54 países, los investigadores llegaron a una de las conclusiones más llamativas de su estudio: los niveles de residuos a nivel doméstico son similares en los países de altos ingresos, medianos altos y medianos bajos.

Holanda y Bélgica, en cambio, desperdician 50 kilos per cápita al año, mientras que en Estados Unidos son 59.

Es decir, no es problema sólo de países ricos sino de aquellos países que están en vías al desarrollo.

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¿Qué pasa en América Latina?

La mayoría de los países latinoamericanos no tiene mucha información acerca del desperdicio de alimentos. Esto es un problema pues, sin datos, es imposible dimensionar el tema.

Los investigadores lograron reunir información de siete diferentes puntos geográficos, pertenecientes solo a 4 países de Sudamérica: Belice, Brasil, México y Colombia.

De acuerdo con los resultados, Belice desperdicia 53 kilos por persona al año, mientras que en Brasil fueron 60, en México 94 y en Colombia 70.

De todas maneras, informes anteriores sobre el desperdicio de alimentos en América Latina y el Caribe no son muy alentadores.

Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicado en octubre de 2019, el continente es responsable del 20% del volumen global de alimentos que se pierden desde después de la cosecha hasta que llegan a los minoristas.

Esto significaría que la región pierde alrededor del 12% de sus alimentos.

Sus efectos ambientales

Si un 17% de los alimentos disponibles en el mundo se desechan, es de esperar que esto tenga un fuerte impacto económico, social y medioambiental.

De acuerdo con la ONU, se estima que entre el 8 y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas con comida que no se consume.

La responsabilidad del desperdicio de alimentos en el cambio climático se mide sumando el proceso completo que hay detrás de un determinado producto.

Por ejemplo, si es un vegetal, debemos pensar en la cadena que hay detrás de él para que llegue a un hogar: desde la tierra donde se cultiva (terrenos que muchas veces son clave para el hábitat natural de una determinada región) hasta los fertilizantes, el proceso de empaque, el almacenamiento (que en su mayoría requiere de bajas temperaturas que dependen del combustible), el transporte, etc.

Lo mismo sucede en el caso de la carne, para la que se necesita una tremenda cadena de producción y procesamiento antes de que llegue a la boca del consumidor.

Por otra parte, en términos económicos el desperdicio de alimentos no solo afecta el bolsillo del consumidor (pues está pagando por un producto que no está comiendo) sino también al mercado en general.

Una familia promedio en el Reino Unido desperdicia alrededor de 700 libras (US$970) en alimentos cada año. Eso es alrededor de US$80 al mes en alimentos que no se consumen.

Así, reducir las pérdidas podría disminuir los costos de producción pues el sistema productivo se tornaría más eficiente.

El impacto social también es brutal si se considera la gran cantidad de gente que no tiene acceso a alimentos de calidad en el mundo.

De acuerdo con la FAO, 690 millones de personas pasaron hambre en 2019, un número que se espera aumente drásticamente después de la pandemia de coronavirus. Además, 3.000 millones de personas no pueden pagar una dieta saludable.

Así, la contradicción entre el desperdicio de alimentos y la falta de los mismos está a la vista.

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