El desastre ambiental causado en Perú

Medio Ambiente 05 de febrero de 2022
Han pasado más de dos semanas del derrame de petróleo en las costas de aquel país, pero las rocas de Playa Cavero siguen coloreadas de un negro pegajoso.
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El derrame se considera como el peor desastre ecológico de la historia reciente del país.

Situada en Ventanilla, a unos 90 minutos al norte de Lima, es una inmensa playa en la que rompen las olas del Pacífico, pero la brisa marina no puede con el olor pesado y mareante que lo envuelve todo. Huele así desde que algo salió mal el pasado 15 de enero en el proceso de carga de un petrolero en la refinería de La Pampilla, propiedad de la compañía española Repsol, y el contenido de 11.900 barriles de crudo acabó en el mar, según la cifra que dio el gobierno peruano el 28 de enero.

Un enjambre de operarios enfundados en monos blancos y botas de pocero lucha armado con palas y carretillas contra el vertido. Pero el crudo se agarra a las piedras y se filtra entre la arena. A cada palada sale más plasta negra.

Un enjambre de operarios enfundados en monos blancos y botas de pocero lucha armado con palas y carretillas contra el vertido. 

También aumentan los cuestionamientos sobre el manejo de la crisis por la empresa, que atribuyó lo ocurrido a un episodio de "oleaje anómalo" causado por la erupción de un volcán en la isla de Tonga.

Aquí se llega rodando hacia el norte desde Lima por la carretera Panamericana Norte y otras vías poco y mal asfaltadas. Las lomas peladas de los Andes que dominan el paisaje podrían parecer algún monte lunar si no fuera por las miles de viviendas improvisadas que construyeron en sus laderas miles de inmigrantes del Perú rural. Pocos tuvieron el tiempo, los medios o las ganas para cubrir los ladrillos con los que levantaron sus hogares en esta polvorienta y escarpada franja costera.

En la ruta vendedores ambulantes serpentean entre los autos y busetas atrapados en sus frecuentes atascos ofreciendo botellas de Inca Kola y otros refrigerios. Los más enérgicos logran que sus voces se oigan más que el incesante concierto de cornetas impacientes.

Mientras los limeños de mayor poder adquisitivo suelen pasar los fines de semana en las playas al sur de la capital, Ventanilla ha sido tradicionalmente lugar de descanso habitual de la clase trabajadora. Playa Cavero, donde al rugido de los autos lo suplantan el canto de las aves marinas y el rumor del oleaje, era un lugar de tregua para ellos.

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No está claro que vayan a seguir viniendo ahora que todos los noticieros lo identifican como un lugar tóxico. El que sí ha venido es Rubén Ramírez, ministro de Ambiente. Ha estado supervisando el trajín de funcionarios, voluntarios y camiones que recorren la playa de arriba a abajo tratando de devolverla a su estado original.
"La playa ha quedado teteada (llena) del material oleoso, pero hemos pedido la actuación del Ejército y de las fuerzas especiales".

"Cuestionamos la respuesta de la empresa. Están haciendo trabajos, sí, pero eso se regía a un plan de contingencia y aparentemente ese plan de contingencia solamente era en papel". La compañía ha prometido reparar el daño causado y hacerse cargo de las labores de limpieza, para lo que ha contratado a muchos de los pescadores que se han visto privados de su sustento por el vertido.

Pero las autoridades admiten que en varias de las playas afectadas los trabajos ni siquiera han comenzado. No obstante, el ministro Ramírez está satisfecho porque más de 600 marinos militares se han sumado a la labor y ya se han recogido casi 9.500 metros cúbicos de crudo.

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Eso no parece bastarles a los pescadores artesanales del distrito de Pachacútec que llevan días protestando a la entrada de la refinería en la que ocurrió el siniestro. Los pescadores les gritan su indignación a los paneles con el logo de Repsol que presiden la entrada a la refinería y a los policías que la custodian. De vez en cuando ondean algunas de las banderas peruanas que portan consigo, pero, salvo el humo de alguna de sus chimeneas, no hay señales de vida al otro lado.

Playas contaminadas

El asunto ha encendido los ánimos de muchos en Perú. El presidente Pedro Castillo llevó como una de sus promesas de campaña poner límites a lo que considera abusos del gran capital extranjero y un desastre natural que involucra a una compañía europea no ha hecho sino acentuar la indignación de los que se consideran agraviados. Castillo no ha dudado en calificarlo como el peor desastre ecológico de la historia reciente del país.

Fuente: BBC.

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